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Rafael López Saubidet, 1958

jueves, junio 30, 2016 0 Comments 8 Likes
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Rafael López Saubidet – Argentina – 1958

Rafael Lopez Saubidet, aka Rafa es un pintor y surfista argentino que a los 50 años dejó su vida de ciudad y su trabajo como consultor en economía agropecuaria. Se fue a Praia do Rosa, en el sur de Brasil, a dedicarse a pleno a su arte y al surf. Viajó durante dos años por el mundo y está hace dos años viviendo en Bali.

– el nacimiento de un artista

¿Rafa, cómo surgió o descubriste tu sensibilidad artística? Fue algo accidental hace unos 10 años. Tenía unos 48 años. Ya era un hombre maduro y aún vivía en Buenos Aires. Había mandado a hacer unas tablas de surf y quería agregarles unos diseños tribales. Empecé con blanco y negro y luego me compré unos lápices de colores y empecé a dibujar en papel. Luego un amigo me regaló unos pomos de pintura y poco a poco empecé a pintar. Probando con acrílico y con óleo. Ahora básicamente pinto con acrílico a no ser que esté viajando que pinto con acuarelas.
Al principio la pintura era una parte pequeña de mi vida y al tiempo, cuando me fui a vivir a Brasil, me dediqué a pleno.

Rafa and his art

 

¿Qué te motivó a mudarte al sur de Brasil? Básicamente buscaba un cambio de estilo de vida. De pequeño vivía en Mar del Plata que es una ciudad costera. Comencé a surfear a los 12 años, pero cuando comencé la universidad y luego me asenté en un trabajo me tocó vivir en ciudades lejos del mar por lo que solo podía surfear en las vacaciones, cuando tenía vacaciones. Quince o veinte días al año. Siempre tuve añoranzas de vivir junto al mar y surfear todos los días. A los cincuenta años, me dije a mí mismo “yo lo que quiero es surfear”. Para ese entonces tenía suficientes recursos económicos. Dejé de trabajar y me fui a vivir a la playa en Brasil. Estuve en Praia do Rosa cinco años surfeando y pintando. Un cambio de vida radical… Sí. Hacía ya cinco años que estaba separado de mi mujer. Mis tres hijos ya eran grandes. Yo fui padre relativamente joven, a los 25 años. Todo lo que quería hacer a esa edad de alguna manera lo postergué y lo hice 25 años más tarde. Mi hija menor tenía 17 en ese entonces y tal vez ella fue la única que se lo tomó no tan bien del todo. De cualquier manera, no fue algo repentino si no que yo ya venía anunciando que eso era lo que quería hacer en mi vida. En un momento pensé en Costa Rica. Estaba de moda en ese momento. Pero al final me decidí por Rosa. Agua no muy fría, y además era un lugar que yo ya conocía bien. Solíamos vacacionar seguido en Rosa con mi familia por lo que ya era un lugar muy familiar donde también tenía amigos. Y además mi familia me podía visitar en sus vacaciones. ¿Cuál fue el momento catalizador de ese cambio? En una época de mi vida, viviendo en Buenos Aires, hacía terapia con un sicoanalista. Exploraba mis angustias y trataba de concientizar lo que me hacía feliz y lo que no me hacía feliz. Recuerdo que en un momento el sicoanalista me preguntó cuál era el momento de mi vida en el que me sentía más feliz. “Cuando estoy entrando al agua a surfear”, le contesté. Ahí es cuando me siento plenamente feliz. Viviendo en Buenos Aires, se me hacía muy difícil surfear. Las olas más cercas están a 400 kilómetros y son de agua fría. Básicamente tenía que viajar para surfear. Un año, volvimos a Rosa a vacacionar con mi familia y estando en el agua me concienticé de verdad que no quería surfear quince o veinte días por año. Quería hacerlo todos los días. Ahí mismo tomé la decisión. Regresé a Buenos Aires a cerrar mis asuntos y a los tres meses regresé a Rosa sin fecha de salida. Me quedé cinco años. Allí tuviste más tiempo para explorar tu arte… Sí. Comencé a pintar mucho más. Recuerdo que un amigo me habló de un artista, Basquiat. Yo no tenía ni idea de quién era. Lo busqué en Internet y guau, se me cayó la boca. “¡Cómo pinta este tipo!” Fue un antes y un después para mí. Basquiat me mostró que tenía que pintar como me saliera. Sin importar si sabía o no. Liberarme de todo preconcepto. Comencé a soltarme más y cada vez más. Tomé solo una vez una clase de pintura. Yo soy veterinario de profesión y luego me hice economista. Entonces venía de las ciencias médicas y de la economía, ramas del conocimiento que son bastante estructuradas. O sea, la ciencia es la ciencia y los números son los números. Estaba harto de las reglas y las estructuras. Comencé a pintar a como me saliera. “Voy a ser libre totalmente, sin que nadie me diga qué o cómo hacerlo” me dije a mí mismo. Era libre totalmente. Aunque después no fui tan libre (risas). Miro las pinturas de mis comienzos y me digo ¡qué libre que era! Aunque era libre más por ignorancia. No sabía nada sobre pintura. Eran más auténticas, sin tanto pensamiento, más brutas. Después, durante dos años de mi vida, estuve viajando. Se me hacía muy complicado pintar así que dibujaba más. Cada lugar que conocía lo dibujaba. En mi estilo, todo medio como distorsionado. Cuando llegué a Bali, volví a pintar en el lienzo. Ahí hubo un cambio en mi arte. Esos dos años de viaje y dibujo comenzaron a expresarse sobre el lienzo aquí en Bali. Antes era un arte más abstracta y ahora más figurativa. Yo diría que antes era más abstracta figurativa y ahora más figurativa abstracta.

Rafa's art

 

– el arte 

Cada cuadro es un cuento. Es un diálogo a través de líneas y dibujos y colores. Es un diálogo personal con la tela. Por eso muchas veces mi idea inicial, cuando empiezo a pintar, no tiene nada que ver con el resultado final. Y me encanta. Cuando pinto, somos yo y la tela. No se puede meter nadie. Es mi mundo personal y eso me da mucha satisfacción.
Soy un artista que pinta con muchos colores fuertes y estridentes e ilumino mis cuadros con teclados de pianos. Yo le doy luz a mis cuadros con pianos. No tienen ninguna connotación musical. Ni yo ni nadie en mi familia toca el piano. Simplemente me gusta el efecto de luz que proyecta. Y al mismo tiempo, son líneas que cruzan al cuadro y que le dan armonía. Recuerdo estar en Berlín donde hay mucho y muchos tipos de transporte público. Trenes, buses, subtes, coches, aviones. Y yo veía todas esas líneas de movimiento y me gustaron. Me gustó esa imagen. Luego le agregué los pececitos, los pajaritos y demás. En mi arte siempre hay un pájaro mayor volando por encima del mar que soy yo, tres pajaritos que son mis hijos. Y ahora hay un cuarto más pequeño que es mi nieto Jacinto. También me identifico personalmente con los pianos. Creo que debería ir a algún sicoanalista de cuadros para que me diga qué es lo que ve en mi arte (risas).
Mi arte es muy intensa. Alguien alguna vez me habló de tener en las pinturas espacios donde puede descansar el ojo. En mi arte, olvídalo. Sí estás admirando mi arte, no vas a poder descansar. ¿En qué etapa se encuentra tu arte en el presente? Estoy en una especie de conjunción de todo un proceso anterior que se aunó a las imágenes que embebí a través de mis viajes por Asia, principalmente la India, Tailandia y Bali. Aparecieron los elefantes, los shivas… Bali me dio los colores fluos y los colores cálidos. En esta etapa mis cuadros son muy cálidos… Estoy tratando también como de volver más a lo abstracto. Salir de lo figurativo… pero me cuesta. No puedo salir. Y me enojo. Pruebo pero no me convence. Al mismo tiempo creo que encontré una identidad. Cualquiera que vea mis cuadros sabe “ah ese cuadro es un Rafa”. Por un lado eso está bueno porque te reconocen y eso es bueno desde el punto comercial. Vos firmás tus cuadros como Wasamara… Sí, en esta etapa. Al salir de mi país hubo un cambio radical en mi vida. Wasamara es de alguna manera la identidad de ese renacimiento. Y a la vez me dio un cierto anonimato que a veces es necesario. Wasamara es como una expresión que expresa el momento inmediato a un impacto, a un gran esfuerzo. Es a la vez un impacto pero también es el descanso de ese impacto. Es donde descansa el éxtasis.

– wasamara

Contanos de tu ropa Wasamara. Bali me inspiró. Creo que es un lugar donde hay oportunidades para crear tu propia ropa. De hecho, casi todas las personas que conozco en Bali han tenido en algún momento un despertar en el mundo de la moda.
Al principio pensé en imprimir camisetas con una foto de mi cuadro. O sea, la típica camiseta negra con un cuadro en el medio. Pero quise ir más allá integrando totalmente mi arte sobre la ropa. Siempre fui muy creativo. Durante un año aprendí sobre la confección de ropa y qué y cómo me gustaba.

wasamara art wear

¿Cómo ha reaccionado la gente a tu ropa? De distintas maneras. La ropa Wasamara es muy impactante. A la gente le gusta, pero tal vez no todos la usarían. A la gente le gusta lo diferente pero tal vez lo no tan diferente. Las personas que usan Wasamara son aquellas que realmente buscan la originalidad. Hay gente que viste como los demás y hay gente que gusta de ser original. Wasamara es innovadora. Yo soy muy innovador. Wasamara es para el que le gusta la innovación. Creo que se está empezando a ver un poco más ropa más jugada. A veces el problema conmigo es que no soy una persona muy comercial y me olvido de tener en cuenta el aspecto comercial de un emprendimiento artístico. Debería hacerlo. Pero más allá de eso, a mí lo que me gusta es que, luego de estar encerrado en mi mundo personal con el arte, puedo brindarle a la gente parte de ese mundo. Vestirlos con mi arte. Cuando pinto yo trato de pasarle energía sanadora a la pintura. Me han dicho que tengo un don sanador. Entonces, me gusta creer que la persona que viste Wasamara de alguna manera recibe parte de esa energía sanadora. Además, encontré una nueva dimensión de mi arte. Cuando la gente se mueve, el arte se mueve. El cuadro se mueve. Está buenísimo. Con mi arte o con la de otro. ¿Qué pasaba? Antes el cuadro estaba en la pared, luego imprimieron el cuadro sobre la camiseta. El arte siempre estaba como por fuera de la persona. Me encanta que la gente se ponga dentro del cuadro, que se integre con el cuadro.
Uso técnicas de impresión a mano. Al principio usé impresión digital, pero comercialmente no es tan viable. Es muy caro. Pero estoy contento de que sea de hecho hecho a mano. ¡Hasta las etiquetas son impresas a mano!

– el surfista

Rafa, el surfista

Comencé a surfear a los 12, 13 años. Mi padre de alguna manera me incentivó. Esto era en el 1970. Casi no había tablas en Buenos Aires. Eran caras. Me compré una tabla usada con dinero juntado de mis cumpleaños. Ni siquiera había leash en esos tiempos. Mi padre me prometió un traje de neopreno si no me llevaba materias ese año. Yo cumplí y el también.
Surfeé hasta los 17 años. Ahí me fui a Buenos Aires y a la universidad, lejos del mar. El surf quedó relegado por un largo tiempo.  A los 32, comencé a vacacionar nuevamente en Brasil y me reencontré poco a poco con el surf. En estos últimos diez años, he surfeado casi todos los días (si mi cuerpo de 58 años me lo permite). Siento ahora que realmente soy un surfista. Es lo que hago. Y de hecho siento que surfeo mucho mejor que cuando era más joven. Bali me dio la oportunidad de mejorar. Hay olas siempre. Son olas de nivel mundial. Largas, glassy, paradas, abiertas, muy seguido grandes, perfectas…  ¡y agua tibia! Hay también muy buen nivel en el agua. Eso me ha ayudado a mejorar un montón.  Me gusta más la época de lluvias. Soy regular y prefiero siempre las derechas de la estación húmeda. Gracias Rafa por la entrevista y suerte con todo. Igualmente.

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